Ciclo sobre la narrativa argentina organizado por Fund TV Y ACADEMIA ARGENTINA DE LETRAS Del folletín a la telenovela De Amalia (1845) a Malparida (2010)
El pasado 26 de octubre, 2 y 9 de noviembre, se llevó a cabo en el auditorio de la Academia Argentina de Letras en la Ciudad de Buenos Aires, el ciclo “De Amalia a Malparida” o sea del folletín histórico a la telenovela. Unas trescientas personas del ámbito académico y cultural y público en general, asistieron a los encuentros con gran expectativa.
La primera conferencia titulada "El folletín: origen, estructura y proyecciones" estuvo a cargo del Dr. Pedro Luis Barcia (presidente de la Academia Argentina de Letras y jurado de Fund TV) y contó también con la participación de la actriz Selva Alemán.
Comenzó el acto con unas palabras de bienvenida del Dr. Pedro Barcia y de la presidenta de Fund TV, Sara Shaw de Critto, quien luego de hacer un breve relato sobre la labor de Fund TV, destacó el sentido y el espíritu del ciclo.
En la primera parte el Dr. Barcia habló sobre el folletín novelesco: matriz de varios géneros. Se planteó una línea de continuidad entre la novela folletín y la telenovela como dos productos atractivos y con un fuerte impacto y una gran llegada a públicos masivos. Partimos hoy – afirmó Barcia- de lo que es la primera oferta que va desde “Amalia”, una novela publicada en folletín en el año 1846, hasta “Malparida”, que es la tira de más éxito en estos momentos en la televisión argentina.
Explicó lo que es el folletín, lo que contenía. Contó también cómo se escribían las novelas en el folletín. Entre otras cosas comentó que la novela folletinesca es una novela que está concebida con una estructura propia, secuencial y acerrada que presenta un cierre que se corta e interrumpe con determinados recursos para el folletín.
Nombró a los padres fundadores de las novelas entregadas en folletines, como ser Alejandro Dumas, Emilio Salgari y Charles Dickens, entre muchos otros muy populares y famosos. Habló de “Montecristo”, y mencionó otras novelas de antes y de ahora. Comparó “Amalia” con “Malparida”. Mencionó a “Padre Coraje” y “Amanda O.” También se refirió a los recursos que se usaron antes y los que se utilizan ahora para hacer las novelas.
En la segunda parte el Dr. Barcia dialogó con Selva Alemán y luego con el público.
Selva se refirió a muchos de sus trabajos; cómo se siente con cada papel. Subrayó su agradecimiento a los autores de las obras en que las que ella participó; enunció varios nombres que a lo largo de cincuenta años le habían facilitado su trabajo de actriz, entre otros, destacó a Aída Bortnik y a sus maestros en los comienzos de su carrera. También habló sobre “Amalia” y “Malparida” ya que trabajó en ambas novelas y finalmente leyó con emoción un fragmento de ambas obras, subrayando las diferencias de estilo.
Entre el público presente estaba Ignacio "Nacho" Viale (el nieto de Mirtha Legrand y hermano de Juana Viale, quien fuera alumno del Dr. Barcia en la carrera de Comunicación de la Univ. Austral); también se encontraban la asesora y la vestuarista de Selva Alemán, quienes aportaron sus comentarios y experiencias. El público se entusiasmó y aplaudió. El evento lo cerró María Herrera Vegas promocionando las siguientes conferencias de este interesante ciclo.
La segunda conferencia que tuvo lugar el martes 2 de noviembre, estuvo dedicada al arte radiofónico y a la radionovela. En esta oportunidad Cora Rimoldi, vocal de Fund TV ofició de presentadora.
Nuevamente iniciaron el acto el Dr. Pedro Barcia por la Academia Argentina de Letras y Sara Shaw de Critto por Fund TV.
Junto a el Dr. Ricardo Haye (periodista, escritor, docente e investigador universitario en el área de Comunicación Radiofónica de la Universidad del Comahue), se pudo admirar a la actriz Hilda Bernard y al actor Jorge Luz.
Haye presentó breves cortes de sonido: uno de la primera transmisión de radio (Parsifal), otro de “Poncho Negro”, uno más de “0597 da ocupado” y uno final de “El eternauta”.
Se recreó la atmósfera de un estudio de radio de los años 40 y se colocó una radio capilla a válvulas en el auditorio. Detrás de un biombo traslúcido se encontraban Hilda Bernard y Jorge Luz leyendo un diálogo de “El amor está de novio” del año 1948 de la autora Nené Cascallar facilitado por Argentores, a quienes se mencionó por su reciente centenario y se agradeció su colaboración para el ciclo.
El público aplaudió entusiastamente la presentación de Hilda Bernard (90 años) y Jorge Luz (88 años) que conmovió a los que estaban presentes, ya que era la primera vez que trabajaban juntos.
El ciclo se cerró el martes 9 de Noviembre con la tercera conferencia que comenzó con una presentación del escritor, periodista, guionista de historieta y conductor de televisión, Juan Sasturain, quien también fue premiado en varias oportunidades por FundTV por el programa “Ver para leer”. Antes de referirse a la historieta Sasturain recordó sus años de niño y joven escuchando radio y despertando su imaginación junto a héroes como Tarzán o Poncho Negro. Más adelante se refirió a la Historieta y a la novela policial como folletín. Mencionó la revista “Fierro” (1984-1992) que él dirigió y que postulaba un registro diferente sobre lo popular y lo nacional.
Fierro –afirmó Sasturain- incorporó a la historieta otros géneros y lenguajes como el cine, las adaptaciones literarias y la novela policial. Mencionó al pasar que “leer historietas era considerado vergonzante” y agradeció muy especialmente al Dr. Barcia por haberle abierto la puerta a la historieta en la Academia de Letras. Finalmente tributó un homenaje a uno de los más importantes guionistas de historieta del país que fue Héctor Germán Oesterheld. Con él surgieron Bull Rocket y Sargento Kirk junto al dibujante italiano Hugo Pratt. Más adelante recordó a Hora Cero, con dibujos de Alberto Breccia, que se publicaba mensualmente con historias unitarias; y finalmente se refirió a la historieta El Eternauta, con dibujos de Francisco Solano López. Señaló Sasturain que la genialidad de todas estas historietas residía en no mostrar a super héroes sino más bien a personas comunes que se enfrentaban con problemas y los resolvían de acuerdo con sus convicciones.
Unos momentos de silencio y profunda emoción se produjeron en el auditorio cuando una docente que estaba entre el público recordó a las cuatro hijas de Héctor Oesterheld que asistían a su colegio. Ellas, desaparecieron junto con su padre durante los “años de plomo”.
En la segunda parteel tema fue "La Telenovela en la Argentina. La función del secreto y del azar como motores de la acción" con Gabriela Fabbro (doctora en Comunicación Pública y Licenciada en Artes), quien desarrolló una presentación magistral sobre la telenovela en la Argentina. Describió las distintas etapas desde 1951 hasta la actualidad y mostró fragmentos de producciones emblemáticas. Presentó una breve entrevista a Paz Martínez referida a la importante función de la música en la telenovela. Por último Fabbro entrevistó a Edgardo Borda (Director integral de televisión y asesor de programación de Canal 13) y a Jorge Maestro (guionista de televisión). Borda hizo una síntesis sobre su extensa carrera en el medio. Comparó los teleteatros que se realizaban en vivo con las largas grabaciones de hoy en día.
Pedro barcia afirmó que saciar la sed de relatos era una tarea imposible.
Edgardo Borda hizo una síntesis sobre su larga trayectoria en televisión, comenzó de muy joven en los inicios de esta actividad y aún continua asesorando en una emisora
Describió las dificultades de espacio y de tiempo, en un mismo lugar se grababan diferentes programas en vivo y no había donde guardar las piezas de la escenografía
Gabriela Fabbro hizo una presentación magistral sobre el desarrollo de las telenovelas en Argentina, enunció las distintas etapas desde 1954 a la actualidad. Mostró fragmentos de producciones emblemáticas
Jorge Maestro describió la tarea de los guionistas y los cambios de esta profesión. Antes eran habituales los guiones muy estructurados y con las conclusiones definidas de antemano. Actualmente se van armando los argumentos según la aceptación de las audiencias. Hizo una síntesis de las obras más exitosas de la ficción televisiva argentina.
Sasturaín subrayó la importancia del autor Jorge Oesterheld, puntualizó que después de 60 años había encontrado un lugar en la Academia de Letras
Mostró un ejemplar de Hora Cero y comentó que la genialidad de estas historietas era mostrar no a super héroes sino a personas comunes que se enfrentaron a problemas y los resolvieron de acuerdo a sus convicciones.
Trayectoria centenaria de la radio
Por: Dr. Ricardo M. Haye
Profesor Titular de la Universidad Nacional del Comahue
La radio nació con la vocación de hilvanar relatos. Los primeros, fueron historias ajenas que ni siquiera habían sido enunciadas para su presentación radiofónica.
Después, el medio inició una evolución de su narrativa, que alcanzó su época dorada entre las décadas del 30 y del 50 del siglo pasado.
Aquel vigor expresivo iba a instalar hábitos y conductas sociales y a constituirse en un nuevo facilitador de prácticas gregarias.
Su mayor desarrollo se planteó cuando los guionistas comenzaron a adaptar obras de la literatura y la dramaturgia universal y a elaborar historias concebidas para el medio e interpretadas por los elencos estables de las propias emisoras.
De ese modo, al dibujo mental de la figura sufrida de Edmundo Dantés, los oyentes pudieron agregarle el sonido de su voz, los matices y las inflexiones de su decir, la emocionalidad con la que trama su venganza. Y, con ello, el Conde de Montecristo se volvió más real, más consistente y verosímil. Traduciéndolas a texto sonoro, la radio expandió el alcance de esas obras y democratizó el acceso a ellas de millones de personas.
Pero, junto con La piel de zapa, Ana Karenina o Los miserables, a la radio llegaron relatos originales de todo tipo: románticos, policiales, de capa y espada, humorísticos. La variedad también alcanzaba a los públicos, dado que las mujeres, los hombres, los niños y la familia en conjunto tenían sus respectivos espacios. Todavía se recuerda la elegancia y sofisticación que impregnaban los textos de Radio El Mundo y el dudoso buen gusto de alguna otra emisora que buscaba alcanzar otras audiencias.
Las historias unitarias que se planteaban y concluían en una sola emisión constituían los radioteatros. En cambio, las que se presentaban en capítulos diarios y se desarrollaban en varias jornadas recibían en nombre de radionovelas.
Estas últimas eran herederas directas de los folletines y las novelas por entregas que habían aparecido en París alrededor de 1840. Sin embargo, mientras estas narraciones episódicas contaron con los aportes de escritores tan notables como Balzac, Zolá, Dumas, Víctor Hugo, Dostoievski o Dickens, las de la radio se vieron menos favorecidas por el aporte de plumas ilustres. Pese a ello, entre quienes dejaron su huella en el éter debemos contabilizar a Antonín Artaud, Bertolt Brecht, Walter Benjamin, Dylan Thomas y Samuel Beckett, en el plano internacional, y Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón, Enrique y Armando Discépolo, entre nosotros.
La primera radionovela argentina es de 1929. Ese año se emitió “La caricia del lobo”. A partir de entonces se inició una seguidilla de relatos, muchos de los cuales adoptaban la forma del drama gauchesco. En 1933 Héctor Pedro Fernández inauguró una línea de realizaciones históricas, cuyo primer título título fue "Bajo la santa federación".
Para ese entonces ya existían cuatro compañías teatrales abocadas a la tarea radiofónica, pero enseguida el número iba a ampliarse.
Pero el análisis histórico no debería ser teñido por la hipocresía.
Muchos de los relatos repetían argumentos en los que se planteaban identidades adulteradas, inocentes que eran acusados injustamente, amores encontrados o atravesados por conflictos de clase: muchachas pobres enamoradas de niños ricos, madres solteras, ciegos que al final recuperan la vista, la invalidez como desgracia o como fingimiento para engañar, la usurpación de fortunas, los hijos perdidos que luego se reencuentran. Eran estructuras cándidas que abusaban de los estereotipos: los villanos eran muy malos y, frente a ellos, había criaturas absolutamente angelicales.
Los argumentos se desenvolvían en el marco de un esquema de fuerte polarización: buenos y malos, ricos y pobres, con un uso abusivo de los lugares comunes.
Y muchas historias, cuando no eran decididamente cursis, resultaban por lo menos ingenuas, lacrimógenas, maniqueas, sensibleras y melodramáticas. En ese contexto surge un producto familiar y costumbrista que iba a consagrarse: "Los Pérez García". Más allá de que para su autor los Pérez García eran o pretendían ser el compendio de todos nosotros, lo cierto es que el retrato no pasaba de ser el de una familia de clase media que, con sus acciones cotidianas, reafirmaba los valores y la cosmovisión de un sector con muy bajo nivel de compromiso y de conciencia social.
Como el de “Los Pérez García” la historia de la radio registra muchos otros éxitos notables.
Uno de los responsables de ellos fue el español Andrés González Pulido, de quien se han hecho varios y severos cuestionamientos. Eduardo Romano, por ejemplo, se refiere a “los indigeribles pastiches de González Pulido en que abundan los alardes de inverosimilitud, absurdos involuntarios y gruesos patetismos”.
Por su parte, Homero Manzi formuló críticas incisivas al gauchismo de González Pulido. El popular letrista de tango acusaba a sus creaciones de “inauténticas desde el punto de vista de la genuina cultura popular, al mismo tiempo que carentes de verdad histórica y artística”.
Manzi consideraba que el español era un vulgar filibustero y, en un artículo publicado en la revista Micrófono,se lamentaba de que la radio argentina no tuviese un Molière “capaz de hacer reir a los patanes tanto como a los sabios, dejando al mismo tiempo, una obra inmortal”.
En el ecuador del siglo XX, la llegada de la televisión le arrebató a la radio sus autores y sus elencos de actores y actrices. El medio se resignó a abandonar el terreno de los relatos y se fue vaciando de historias hasta llegar a nuestros días, en los que radioteatros y radionovelas son muy infrecuentes.
Es curioso verificar que cada vez que el tema se plantea aparecen expresiones de una profunda nostalgia. Todas coinciden en lamentar esa falta y, sin embargo, la situación no se modifica.
La explicación más obvia es que la dosis diaria de relatos la suministra ahora la televisión e incluso Internet.
Las telenovelas latinoamericanas, las sit-coms estadounidenses, los ciclos costumbristas de Pol-ka, las cuidadas realizaciones de Telefé, parece que ocuparan todo “el ancho de banda” que tienen las personas para el consumo de ficción.
No obstante, todavía hay gente que se acuesta con Dolina o que pone sobre la almohada una voz insinuante para que lo acune mientras le presenta música.
No hay por qué creer que nadie escucharía una buena historia contada a través de la radio. Lo que hay que tener en cuenta, en todo caso, es que se trate de relatos convocantes. Y eso nos conduce a las dos preguntas cruciales: ¿cuáles son hoy esas historias? y ¿cómo deben ser contadas?
Las responsabilidades de todos los que quieren a la radio son la de comenzar a edificar una nueva gramática para el medio y la de explorar en temas de indudable actualidad epocal.
La radio debe aunar la austeridad discursiva de la razón con la vocación de espectáculo que se encuentra en los discursos sustentados en las sensaciones y las emociones.
Quizás no haya otro medio que iguale su privilegiada ubicación en la intersección de estas potentes avenidas: la Razón y la Emoción. Por la radio circulan, se entremezclan y confunden los contenidos cognitivos y los afectivos.
No hay trabas para la imaginación. Los productos radiofónicos no están subordinados a limitaciones geográficas, temáticas o temporales y el abanico de formas sonoras a su alcance les permiten las combinaciones más originales o caprichosas entre ideas, sueños, seres fantásticos, héroes mitológicos, objetos animizados o sujetos anónimos que se buscan la vida día a día.
Es inevitable pensar en los lamentos de Shakespeare. El dramaturgo británico se quejaba por la imposibilidad del teatro para escenificar la lucha entre dos ejércitos de 15 mil hombres en las ondulantes llanuras de Inglaterra. La radio no tiene ese impedimento.
James Cameron o Ridley Scott o cualquier otro director de cine deben gastar fortunas en dólares para realizar sus filmes. Por el contrario, a los realizadores radiofónicos les cuesta muy poco ambientar una escena en la India medieval y, de allí, saltar a otra que discurre en alguna de las lunas de Jupiter.
Pueden ir y venir de las Cataratas del Iguazú al Gran Cañón del Colorado y desde el Himalaya a los Esteros del Iberá. Les es dado viajar en el espacio y en el tiempo. Tienen la posibilidad de representar la vida de una médica de guardia de hoy tanto como la de Juana Azurduy o María Magdalena.
Y, sin embargo, el paisaje narrativo de la radio es un tanto desolador.
Más allá de las consabidas excepciones, se advierte una presencia débil de lo representacional. Lo poco que existe está muy marcado por la impronta de un narrador. La escenificación, la puesta en acto, casi no existe. De ese modo, se pierde la posibilidad de una experiencia mucho más vívida, más plena, con situaciones dramáticas, diálogos, conflictos y personajes que actúan para resolverlos. Y con un mundo de imágenes sonoras mucho más rico.
La radio necesita atreverse a experimentar y a desplegar mayor audacia para confrontar con la pereza mental que le impide volver a llenarse de historias.
El discurso narrativo ofrece una forma de conocimiento y comprensión distinta a la puramente teórico-discursiva. Las historias son territorio fértil para el desarrollo de concepciones e interpretaciones menos dogmáticas acerca del mundo y de la humanidad.
El relato es imprescindible porque convoca a la imaginación y agudiza la sensibilidad de los oyentes. Cuando la radio lo recupere, dejará de mostrarse tan desnuda de arte.
Transcribimos una nota que las periodistas Raquel Anabel Uscalovsky y Diana Judith Uscalovsky del programa De todo un poco de Radio Sentidos hicieron a la actriz Selva Alemán al finalizar la presentación
¿Cómo se siente al haber participado en esta primera Conferencia que realiza FUND TV y la Academia Argentina de Letras? Me parece fantástico. Estoy orgullosa que me hayan invitado y de haber participado con el Dr. Barcia, que sabe tanto que me dejó helada. Me encantó escucharlo, muy entretenido, inteligente.
Hablando de la telenovela Malparida ¿Es la primera vez que hace un papel tan de mala? Me siento bárbara porque juego todo el tiempo. Me siento muy bien jugando este papel que me ha tocado, diferencio el papel que me dan, que es solo un papel, trato de entender a los personajes que me tocan, pero no los juzgo, no los confundo con lo que yo soy, que trato siempre de ser una buena persona y estoy feliz.
¿Si tuviera que elegir un papel, cuál sería el de buena o el de mala? Depende, cada uno tiene lo suyo. Depende la historia, las características que se le puedan poner al personaje. En el medio de la entrevista se acercó a saludarla el Dr. Barcia y le dijo: Hasta pronto Selva que sigas bien. Ella le respondió: Gracias por invitarme, por haber compartido esto.
Él le contestó: Al contrario, esta casa es suya. Cuando quiera venir... Este salón lo hemos inaugurado para este tipo de actividades.
Tras más de cinco horas intensas de exposiciones colmadas de contenidos y de experiencias muchas enseñanzas ha dejado este ciclo dedicado a la narrativa audiovisual en nuestro país.
Desde FundTV agradecemos a todos los oradores, panelistas, actores y actrices y especialmente a las más de 300 personas que nos acompañaron y que disfrutaron de este desafío cultural que procuraremos continuar el año próximo.